Tras la helada que mermó la producción de 2017, esta joven denominación de origen afronta la nueva campaña con el dinamismo que la ha situado como uno de los referentes del vino español. Uno de sus rosados, Le Rosé de Antídoto, está en la cúspide entre los españoles. Si la climatología no lo impide, este año producirán casi 93 millones de litros. Por eso, en Consabormediterraneo.com, marca de La Jamonería de la Quinta, con tienda online en ibericodirecto.com, te contamos por qué la D.O más joven se ha convertido en referencia del vino español.

En los primeros días soleados de esta primavera climatológicamente imprevisible, en la Ribera del Duero todos escudriñan el cielo con resquemor. No es para menos. El año pasado, durante la noche del 27 al 28 de abril, una masa de aire frío asaltó el territorio de la Denominación de Origen, helando los viñedos con temperaturas de hasta -6º C. Justo en el peor momento: cuando las vides comenzaban a brotar. Los efectos del varapalo térmico fueron desiguales en las distintas zonas de la región, dependiendo de la situación de las viñas: algunos viticultores perdieron hasta el 70% de su producción. Mediado el mes de octubre, al concluir la vendimia, la suma de los kilos de uva recogidos confirmó la tragedia: apenas 55 millones, cuando en la campaña de 2016 se habían superado los 133 millones. La naturaleza dirá si la cosecha de 2018 será generosa, respaldando el crecimiento que la Ribera del Duero ha experimentado desde la creación de la D.O., en 1982. En apenas 35 años, la comarca se ha extendido desde las 6.000 hectáreas de viñedo iniciales hasta más de 22.000, multiplicando por nueve el número de botellas etiquetadas con el precinto del Consejo Regulador desde 1991 (10.045.516) hasta 2017 (97.815.692) e involucrando a 8.220 viticultores en la última campaña.

Del clarete al tinto

Ricardo Peñalba. Finca Torremilanos. Madrid, 21 de agosto de 1977. Hijo del fundador y director técnico de Torremilanos, una de las pocas bodegas de la región con tonelería propia.Luis de las Alas.

Con estas cifras -y una ingente oferta de vinos de calidad notoria- quién diría que hace siete lustros la Ribera del Duero empezaba a escribir su historia. Antes de que, en los albores de la década de 1980, un pequeño grupo de bodegas se decidiera a sentar las bases de la D.O. e impulsar la producción de tintos de calidad, en la región sólo existía una bodega de gran prestigio -Vega Sicilia-, amén de una cooperativa, en Peñafiel, que consolaba quienes no podían acceder a los exclusivos cupos de su célebre vecino con sus vinos, comercializados bajo la marca Protos. El resto de los viticultores aún estaba consagrado a la producción de modestos claretes. «Los que empezamos con la D.O. éramos cuatro paisanillos», reconoce hoy Pilar Pérez de Albéniz, que acompañó a su marido, Pablo Peñalba López, en la aventura de adquirir en 1976 la finca vecina de Aranda de Duero donde hoy se levanta Torremilanos, bodega pionera de la región. Derrochando simpatía y carácter desde la galería exterior del hotel que Finca Torremilanos inauguró hace 15 años para impulsar el enoturismo en la zona, esta empresaria de origen vasco, que dirige con mano firme la empresa familiar desde el fallecimiento de Peñalba, en 2015, recuerda que su marido -que presidió el Consejo Regulador de la D.O.- fue uno de los que apoyó con mayor decisión la incorporación de Vega Sicilia a las bodegas fundadoras. «Ellos no lo necesitaban porque tenían el prestigio ganado, pero para nosotros era fundamental contar con un compañero de viaje de tal renombre».

Los Cantos 2015. Tinto. Finca Torremilanos. Su decidida apuesta por la viticultura biodinámica gana crédito con este tinto que alumbra una expresión fresca, fragante y vivaz, inusitada en el contexto ribereño. Está certificado por Demeter, el sello con mayor reconocimiento en el ámbito de la agricultura que sigue los preceptos biodinámicos. 11,40 euros.

Pérez de Albeniz, que hoy trabaja sus 200 hectáreas de viñedo junto a dos de sus hijos –Ricardo Peñalba es el director técnico y el responsable de haber orientado Torremilanos a la biodinámica (desde la añada 2015 todos sus vinos tienen la certificación Demeter, la de mayor reconocimiento internacional en el ámbito de la agricultura que sigue los preceptos naturalistas del doctor Rudolf Steiner), Vicente Peñalba dirige desde Miami el comercio exterior de la compañía- y un sobrino –Miguel Ángel Peñalba, responsable de las labores agrícolas en los viñedos de la propiedad- confiesa que «al principio, el modelo de nuestros tintos fue claramente Rioja, hasta que las nuevas generaciones entendieron que el camino era definir un estilo propio».

El vino más caro de España

Cuando aquellos primeros «cuatro paisanillos» -que fueron 12, a ciencia cierta- y los que pronto se sumaron a la incipiente Denominación de Origen consiguieron definir el perfil concentrado, suculento y poderoso de los tintos ribereños, rompiendo con el modelo riojano, el éxito no tardó en llegar. Jalonados por las alabanzas de los gurús, los mercados respondieron con entusiasmo y, de la noche a la mañana, la Ribera del Duero se pobló de enólogos, empresarios y toda suerte de aventureros. Algunos de ellos contribuyeron a enriquecer el catálogo de la D.O. con vinos de culto -como el cotizadísimo Pingus del danés Peter Sisseck, que lidera el ránking de los tintos más caros de España (la añada más reciente, 2015, supera los 1.100 euros), aunque tampoco faltaron los advenedizos, que se apuntaron al boom creyendo que el nuevo El Dorado de la vieja Castilla sería una mina de oro. Muchos se bajaron del tren cuando arreció la crisis económica. Esto no ha impedido que Ribera del Duero se situara en el segundo lugar entre las preferencias vinícolas del consumidor local -con una cuota del 10,9% del mercado, en 2016-, por detrás de la D.O.Ca. Rioja (33,1%), y que el comercio exterior demande año a año un volumen mayor de vinos de esta D.O., hasta absorber un 22% de la producción. Suiza (16,6%), Alemania (15,7%) y México (10,01%) han sido durante el año pasado los principales destinos.

María del Yerro. Viñedos Alonso del Yerro. Madrid, 13 de octubre de 1958. Con la asesoría del bordelés Stéphane Derennoncourt, lleva las riendas de su bodega familiar en Roa (Burgos).Luis de las Alas.

Un tesoro de viñas viejas

Alonso del Yerro 2014. Tinto. Viñedos Alonso del Yerro. Amplio, profundo y bien perfilado, en esta añada se nota el sutil cambio que está pergeñando la bodega de María del Yerro y Javier Alonso en busca de una expresión más fresca y frutal para sus vinos, que en pocos años se han consolidado como un referente de calidad en la Ribera del Duero. 22,90 euros.

El auge de la Ribera del Duero también despertó la atención de viticultores sensibles de otras zonas vinícolas de España y el ancho mundo, que en años recientes han llegado a este territorio seducidos por el mayor tesoro que ostenta la comarca: las viejas viñas de tinto fino, tal como se denomina localmente a la tempranillo, la uva española con mayor cartel internacional. Uno de los que han caído rendidos al potencial de esta variedad es el francés Bertrand Sourdais, que en 1999 llegó desde el Loira al rincón más remoto e inexplorado de la D.O., el Valle de Atauta (Soria), para asumir primero la dirección de un nueva bodega, Dominio de Atauta, y luego aventurarse en sus propios proyectos, Bodegas Antídoto y Dominio de Es. Desde lo alto del pueblo de Atauta, donde mejor se divisa el paisaje austero del viñedo soriano y las viejas cuevas donde los paisanos aún conservan sus vinos «caseros», Sourdais se entusiasma destacando el valor de las antiguas cepas de tinto fino que atesora el extremo oriental de la Ribera del Duero. «De las 22.552 hectáreas de viñedo de la D.O., unas 2.000 corresponden a viñas viejas. Alrededor de 700 de estas hectáreas se localizan en Soria, lo que constituye un enorme tesoro genético. Ni siquiera Francia, donde se ha extendido la reproducción de clones desde la epidemia de filoxera de finales del siglo XIX, cuenta con un patrimonio tan importante y valioso como éste, fundamental para preservar la identidad vinícola en tiempos de globalización«.

El vigneron de Soria –como él mismo gusta presentarse- destaca, entre otras cosas, por haber revolucionado el escenario de los vinos rosados -minoritarios en la Ribera del Duero, donde representan apenas un 2,1% de la producción- presentando Le Rosé de Antídoto, «un rosado elaborado con los criterios de un grand cru borgoñón«, que desde su primera añada se ha situado en la cúspide de calidad y precio (superior a 50 euros) entre los rosados españoles. Sourdais, por cierto, es quizás uno de los viticultores ribereños que en estos días observa la evolución del tiempo con mayor preocupación. La helada de abril de 2017 mermó su producción en más de un 60%. Y este año las bajas temperaturas de la primera semana de mayo también han afectado a algunas de sus mejores viñas.

Bertrand Sourdais. Bodegas Antídoto. Saumur (Francia), 8 de septiembre de 1976. Viticultor destacado en la Ribera soriana, el francés pone en valor las viñas viejas de esta zona.Luis de las Alas.

Vivir con riesgo

«Es lo que tiene el vino», asume con resignación Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la D.O., cuando se refiere al mayor condicionante que afecta al oficio del viticultor: el clima. «Tenemos una tierra privilegiada para elaborar grandes vinos, donde sin embargo las heladas han sido históricamente un riesgo. Y los viticultores hemos aprendido a vivir con ello, sabiendo que incluso en el paraíso a veces toca sufrir. Los más ancianos aún recuerdan otra helada dramática, que tuvo lugar en 1945». Pascual, también propietario de Bodegas Pascual en Fuentelcésped (Burgos), es un hombre campechano, cuya calidez contrasta con el ambiente minimalista y aséptico de la sede del Consejo Regulador, un edificio de líneas vanguardistas proyectado por los arquitectos Barozzi y Veiga en la solariega villa burgalesa de Roa.

El presidente de la D.O. trabaja codo con codo junto a Miguel Sanz, economista vallisoletano que, en su condición de director general del Consejo Regulador, apunta algunos datos que ayudan a comprender la actual coyuntura de la Ribera del Duero. «Seguimos creciendo, aunque ahora ya en términos mucho más moderados. Si la climatología no nos da otro susto, estimamos para 2018 un incremento de un 1% respecto a los 91.964.786 litros que se produjeron en 2016, la última añada normal que tuvimos».

Le Rosé 2016. Rosado. Antídoto. Sourdais ha revolucionado el mundo de los rosados españoles con este vino ambicioso elaborado a partir de una minuciosa selección de viejas cepas de tinto fino y albillo que crecen en la Ribera soriana. Complejo y distinguido, sugiere una guarda de dos o tres años en botella para ser disfrutado en plenitud. 54,40 euros.

Sanz hace hincapié en las prioridades que se ha impuesto la D.O. en sus objetivos más inmediatos: «Consolidar la imagen y la calidad de nuestros vinos». Y adelanta algún cambio en los estatutos. El más revolucionario: la admisión de blancos en una tierra eminentemente consagrada a los tintos. «Estamos contemplando que puedan certificarse blancos de albillo, que es la variedad autóctona más arraigada para este tipo de vinos», afirma el director del Consejo Regulador, que también parece estar a favor de recuperar la indicación del ancestral clarete «como vino histórico e identitario de la Ribera del Duero«.

De Soria a Segovia

Estas novedades sin duda enriquecerían la oferta de las más de 300 bodegas que trabajan actualmente en la D.O. Aunque todas ellas coinciden en la elaboración mayoritaria de vinos tintos -que supone un 97,9% de la producción de la comarca-, las hay de perfil muy diverso en la franja de 115 km que se extiende desde Soria hasta Segovia, comprendiendo también las provincias de Burgos y Valladolid y más de un centenar de pueblos, con el río Duero como eje esencial.

En San Esteban de Gormaz, en el extremo soriano de la Denominación de Origen, está establecida Bodegas y Viñedos Gormaz, buen ejemplo de la evolución que está experimentando actualmente la zona menos explorada de la Ribera del Duero. La bodega fue sede de la Cooperativa San José Obrero, fundada en 1972 y que integró el grupo fundacional de la denominación. En 2004 sus instalaciones fueron adquiridas por el grupo Hispano Bodegas, que ha puesto al frente de la dirección técnica a una joven enóloga, María José García, para impulsar un ambicioso salto cualitativo en su gama de vinos, que redunda en una producción anual próxima a las 1.500.000 botellas. García, que combina métodos tradicionales con la más avanzada tecnología enológica para sacar el mejor provecho a las 230 hectáreas de viñedo que trabaja, asegura que «la Ribera soriana es un territorio por descubrir, una suerte de pequeño Priorato con un fabuloso tesoro de viñas viejas». Bodegas y Viñedos Gormaz también se ha propuesto dinamizar el enoturismo en esta zona, emprendiendo una gran reforma en su sede.

Almudena Alberca. Viña Mayor. Madrid, 1 de noviembre de 1978. Directora técnica, está imprimiendo un cambio en el estilo de los vinos de este clásico de la Ribera del Duero.Luis de las Alas.

El Secreto 2015. Tinto. Viña Mayor. El aporte más personal de Almudena Alberca nace de parcelas de tempranillo de más de 60 años de parajes de Burgos, Valladolid y Soria. La aromaticidad de los granos de viñas plantadas en arena, la estructura que imprime la arcilla y la acidez de la tierra caliza se alían en este tinto de perfil fresco, intenso y expresivo. 19,50 euros.

Las mujeres del cambio

Otra enóloga que se ha comprometido en poner al día el perfil de los vinos de una marca clásica es Almudena Alberca, cuya labor al frente de Viña Mayor ya toma relieve en el tinto Crianza 2015 de esta bodega sita en Quintanilla de Onésimo, en plena «milla de oro» de la Ribera del Duero -con vecinos ilustres como Vega Sicilia o Dominio de Pingus-, que en 1986 se unió al grupo fundacional de la denominación. Impulsada por el grupo Hijos de Antonio Barceló, Viña Mayor produce cerca de tres millones de botellas al año y siempre se ha caracterizado por su capacidad de liderazgo en la zona, elaborando vinos de corte clásico pero con vocación cosmopolita. De allí que no sorprenda que haya apostado por una joven profesional como Alberca «para regresar a la tierra con vinos de trago amable e identidad bien definida».

También tiene impronta femenina una de las bodegas pequeñas que han alcanzado mayor relevancia en los últimos años gracias a la calidad de sus vinos, Alonso del Yerro. Secundada por su hijo Miguel Alonso y los franceses Lionel Gourgue (enólogo) y Stéphane Derenoncourt (asesor técnico), María del Yerro llegó a los viñedos del entorno de Roa con el nuevo milenio. Junto a su marido, Javier Alonso, ha desarrollado en la Finca de Santa Marta una bodega modélica, según los principios de los châteaux bordeleses. Desde 2003, elabora anualmente cerca de 66.000 botellas, el 50% de las cuales se exportan. Con la precisión que permite una producción tan acotada, Alonso del Yerro ha evolucionado en las últimas añadas hacia un perfil más fresco, «aunque sin traicionar el estilo de la casa», advierte su propietaria.

Carraovejas y espantalobos

La redefinición del estilo es también una máxima en el trabajo de Pedro Ruiz en Pago de Carraovejas, bodega fundada por su padre, el restaurador José María Ruiz. Si bien este proyecto nació en 1987 con la intención de proveer de vinos al asador familiar sito en Segovia, la calidad de las viñas que crecen en las laderas de Carraovejas (Valladolid), hicieron de esta marca un fenómeno. Desde 2007, con la llegada del hijo del fundador, Pago de Carraovejas vive momentos de grandes cambios, que no sólo afectan al perfil de la gama de vinos, sino a las instalaciones, que gracias a la intervención del arquitecto Fernando Zaparaín, han ganado en atractivo y funcionalidad. La belleza del entorno, la apertura del restaurante gastronómico Ambivium -en 2016- y el proyecto de un hotel de lujo en Espantalobos, al otro lado del valle, multiplican el interés de esta bodega para viajeros con inquietudes enológicas. «Todo ello refleja que estamos en movimiento. No te puedes conformar con tener un vino de moda, es mejor ir por delante en los cambios de tendencia sin dejar de ser lo que eres», concluye Pedro Ruiz.

Pedro Ruiz Aragoneses. Pago de Carraovejas. Segovia, 2 de marzo de 1982. Psicólogo de formación, desde 2007 está al frente de la bodega que fundó su padre 20 años antes.Luis de las Alas.

Pago de Carraovejas 2015. Tinto. Pago de Carraovejas. La nueva orientación de esta bodega de referencia entre los vinos castellanos se hace evidente en este tinto «de finca» que toma el relevo de los clásicos Crianza y Reserva de Carraovejas para imprimir un estilo mucho más vibrante, fresco y mineral, que invita al paladar a repetir el trago. 33,40 euros.

María José García. Bodegas Gormaz. Burgo de Osma, 13 de enero de 1973. Directora técnica de la bodega más grande de San Esteban de Gormaz, combina tradición y vanguardia.Luis de las Alas.

12 Linajes de Reserva 2012. Tinto. Bodegas y Viñedos Gormaz. La renovada bodega de San Esteban de Gormaz muestra sus credenciales con este Reserva serio, firme y bien asentado, que atesora los característicos matices minerales de los mejores vinos del entorno del valle de Atauta. En dos palabras: nobleza pura. 22 euros.

Fuente: http://www.expansion.com/fueradeserie/gastro/2018/06/12/5b151995468aebc4788b45ce.html

Ribera del Duero: ¿por qué la D.O más joven se ha convertido en referencia del vino español?

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